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OPINION
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El poder de la ciudadania

Un reconocido líder peruano me comentó hace pocas semanas: “Cuando joven estuve involucrado en el Plan del Metro de Lima”. Eso sucedió hace más de 30 años.

Desde fines de los ochentas se ha intentado múltiples fórmulas para lograr el propósito de descentralizar efectiva y eficientemente nuestro país. Más de 20 años después, aún no está claro el camino y, más aún, parece que el derrotero se vuelve más complejo.

El otro día un experto educativo me hizo recordar que la posición relativa mundial del Perú con relación al indicador “educación primaria de calidad” ha permanecido prácticamente inmóvil en los últimos 10 años: entre las 10 peores posiciones entre cerca de 140 países.

Hace pocos años, se ha logrado, en la sociedad civil, empresas y Estado, cierto nivel de consenso sobre la importancia vital de la primera infancia.  En algunos años, ¿este consenso también formará parte de las tantas tareas largamente discutidas, a la vez que incomprensiblemente inconclusas, sin avances significativos? ¿Será otra vez un desafío que alguna vez algunos peruanos –quienes se juntaron con entusiasmo- diagnosticaron con perfección e implementaron sin convicción y perseverancia? O, más bien, ¿será uno que luego del entusiasmo colectivo se convierta en realidad gracias al empuje, pasión y estrategia de un colectivo? La recuperación y estabilidad  económica, la gastronomía, los TLC, la marca país, son algunos ejemplos que nos demuestran un sentido de posibilidad.

El Pacto Ciudadano por la Infancia, promovido por el Grupo Impulsor Inversión en la Infancia, y la “Hoja de Ruta” con las tareas urgentes a favor de la niñez, plasmada por esta iniciativa ciudadana, es el inicio auspicioso de un camino largo y complejo. Pero, sin embargo, tiene el riesgo de la inacción y del fracaso sobre sus impactos últimos. Más aún cuando, en realidad, no existe aún un sentido de urgencia real sobre el tema y, por ende, un debate real de la sociedad (muy distinto a la percepción que tenemos). En la encuesta “La voz de los niños”, encargada por “CRECE Educación” a IPSOS Apoyo, resulta sorprendente que ante la pregunta “En general, ¿dirías que la manera como enseñan en tu colegio es buena, regular o mala?”,  dos terceras partes de los estudiantes de escuelas públicas opinan que es buena,  una tercera parte dicen que es regular y nadie la califica de mala. En mi opinión, ese es un indicador claro que ni padres ni estudiantes conocen realmente qué significa e implica una educación de calidad día a día para sus vidas. Por ende, no la demandan. Por ende, los colectivos ciudadanos educativos se desinflan cuando la inseguridad, la falta de agua y el hambre se imponen por ser evidentes en la cotidianeidad de las familias. ¿Cómo forjar el cambio desde la ciudadanía, desde cada localidad, desde las regiones? ¿Cómo alcanzar grandes metas desde la base? Hagel, Brown y Davison, en su libro “El poder de Pull: cómo pequeños movimientos, hechos inteligentemente, pueden lograr grandes cosas”, señalan que “pull” se trata de expandir nuestra conciencia de lo que es posible y de evolucionar en nuevas disposiciones, desarrollar con maestría nuevas prácticas y tomar nuevas acciones para hacer realidad esas posibilidades. Para esto se requiere ir en niveles: primero, acceso (habilidad para encontrar y conseguir constantemente personas y recursos cuando y donde las necesitemos), atracción (atraer y retener la atención de las personas a las afueras de nuestro círculos de interés y aumentar la probabilidad de encuentros fortuitos y casuales de impacto en los tiempos más relevantes) y alcance (participación y orquestación en espacios de creación, ambientes que integran efectivamente equipos inter-instituciones orientados hacia la mejora del desempeño), Para ello, resaltan los autores, varios elementos cruciales del proceso deben ser sistémicamente creados y puestos a trabajar: i) la trayectoria y dirección correcta, ii) suficiente apalancamiento (movilizar la pasión y esfuerzo de otros) y iii) el mejor ritmo y velocidad de progreso. Es interesante que señalen: “en el pasado, en el cambio institucional, una elite conformada por las cabezas de la organización creaban un mundo donde todo el resto debía calzar. El cambio institucional futuro será bastante distinto. Los cambios serán movilizados por individuos apasionados distribuidos por dentro, e incluso  fuera, de las instituciones, apoyado por líderes –como autoridades institucionales- que entienden de la necesidad del cambio, pero que a la vez saben que el cambio real no puede ser impuesto desde arriba hacia abajo”.

Esto nos lleva a la reflexión sobre cómo llevar a la acción y a los impactos concretos y ambiciosos que todos queremos: alcanzar una primera infancia de primera. Implica nuevas mentalidades, nuevas formas de pensar y hacer. Implica innovar, requiere coraje. Más ciudadanía y colectivo desde la base. Por ello, la importancia del poder ciudadano en plataformas institucionales. Por ello, la relevancia de las regiones y localidades para motivar el cambio. ¿Empezamos?  


Álvaro Henzler, economista, director ejecutivo de Enseña Perú.

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