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ENTREVISTA
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Jack Shonkoff, de la Universidad de Harvard

"La inversión en la primera infancia es lo más importante"


Entrevista: Alexandre Gonçalves, de O Estado do Sao Paulo


“Los niños pobres no están condenados a un rendimiento educativo más bajo, pero para ello es necesario tener buenos programas”, dice Shonkoff.
Jack Shonkoff, del Centro de Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard, Estados Unidos, dio recientemente una entrevista a O Estado do Sao Paulo, de Brasil, país al que viajó unos días para participar en un Simposio Internacional del Desarrollo de la Primera Infancia, Por la importancia de sus declaraciones, reproducimos esta entrevista publicada en O Estado do Sao Paulo, en la que Shonkoff habla sobre la trascendencia de la inversión en la primera infancia. “La ciencia disuelve todas las dudas sobre la relevancia social de la educación en la primera infancia, es decir los niños menores de 6 años. Falta ahora que los gestores públicos estén de acuerdo con el tema”, afirma Jack Shonkoff.

¿Cuál es el estado actual del conocimiento sobre la educación de la primera infancia?

Hubo una revolución. Durante décadas, observamos claramente como una familia preocupada por la educación de los niños en la primera infancia podría ejercer un poderoso incentivo para su  desarrollo. También quedó claro que la exposición temprana a ambientes violentos tiene un impacto muy negativo en el proceso formativo del niño. Ahora empezamos a comprender cómo estos factores  de estímulo o estrés influyen en la fisiología de los niños menores de seis años, especialmente en el cerebro. Tal conocimiento ayuda mucho para pensar en las intervenciones para reducir la brecha que separa a los niños que recibieron una educación adecuada de los niños que fueron expuestas a un mal ambiente.

¿Qué tipo de intervenciones son posibles con este conocimiento?

En primer lugar, tenemos que identificar cuál es la situación del niño. Hay muchas familias pobres que dan una excelente educación a sus hijos, aunque no tienen dinero ni información. En este caso, basta con organizar los programas que ofrecen información a los padres y escuelas de buena calidad, mantenidas con fondos públicos. Niños sometidos a un entorno marcado por  enfermedades mentales, las drogas o las relaciones violentas, son un problema mucho más complejo. La ciencia ha demostrado que el impacto del estrés en esa etapa es tan grave que aumenta el riesgo de hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares en la edad adulta. Naturalmente, el cerebro es el principal afectado con daños demostrados en diferentes circuitos. Los educadores, y en la medida de lo posible los padres, necesitan identificar con precisión cuál es el factor de estrés y tratar de crear un espacio de seguridad alrededor del niño. Es preciso enseñarles técnicas para liderar con las situaciones negativas a las que están sometidos, minimizando los daños. Sin eso, proporcionar los estímulos tradicionales es insuficiente, no serán eficaces para corregir el daño ya sufrido en la afectividad y el desarrollo cognitivo del niño.

¿Qué distingue a los programas de éxito de las iniciativas ineficaces?

El principal factor determinante para el éxito de un programa es la capacitación adecuada de los educadores que lo conducirán. Existe la tentación de pagarle poco a estos profesionales, pero eso es un ahorro ilusorio, ya que reduce la calificación y el compromiso del profesional que es contratado, y el resultado que se obtiene por cada dólar invertido se reduce significativamente. Cualquier administrador de empresa sabe que eso no funciona. Y la calificación del profesional es tanto más necesario cuanto mayores son los dramas que enfrentan los niños. El número de adultos necesarios al lado de los niños también es mayor cuanto más pequeños son los niños. Quince niños de tres años a cargo de un único adulto, por ejemplo, es una situación desesperante. Además, un único programa aplicado para a toda una población suele tener malos resultados. Es necesario concebir diferentes programas, que respondan a las necesidades específicas de cada grupo. Para la mayoría de las familias pobres, de hecho, bastará con proveer información a los padres, que a menudo no tienen ninguna escolaridad, y ayudarlos así a contribuir a la educación de sus hijos. Los padres siguen siendo los actores más importantes en la educación de los hijos. Los programas que pueden engancharlos en la formación de los niños tienen una mayor tasa de éxito. Pero son necesarios programas especiales para los grupos en riesgo.

¿Cuál debería ser el enfoque de la educación en la primera infancia?

Fomentar el uso del lenguaje conversando mucho con los niños, leyendo para ellos. Solamente así los niños podrán  crear su propio lenguaje. Las aptitudes desarrolladas en esta etapa son una excelente base para el  éxito académico en el futuro.

¿Cómo medir el progreso de los niños en la primera infancia?

Por un lado, es muy fácil. Hay protocolos científicos bien establecidos para evaluar las aptitudes desarrolladas desde la primera infancia. Incluso para los recién nacidos. Pruebas, por ejemplo, que evalúan la respuesta a los estímulos visuales, con base a los movimientos de los ojos del niño. La dificultad no está ahí, sino en la inmensa variabilidad en el ritmo de desarrollo entre un niño y otro. Por lo tanto, se necesita personal capacitado para interpretar los resultados de las pruebas teniendo en cuenta esta variabilidad. Sin eso, es imposible identificar con precisión si los métodos de enseñanza están produciendo resultados adecuados y tomar decisiones racionales basadas en esa evidencia. En ese caso, el dinero invertido puede estar siendo drenado por el caño.


¿Cómo compensar más adelante las deficiencias en el proceso formativo de la primera infancia?

Cuando el niño nace, ya tiene casi todas las células del cerebro que lo acompañarán por toda la vida. Pero aún faltan los circuitos y las conexiones que enlazan las neuronas. En la primera infancia estas conexiones ocurren muy rápidamente. Además de factores genéticos, el principal determinante son las experiencias que el niño experimenta. En los dos primeros años de vida, el ritmo de conexiones alcanza a 700 conexiones por segundo. Es como la construcción progresiva de una casa. Las primeras conexiones son los cimientos, las siguientes son las paredes, después el techo... Los circuitos de mayor complejidad dependen de las anteriores conexiones, que son más elementales. Naturalmente, el cerebro no pierde la capacidad para compensar las deficiencias y nunca es demasiado tarde, pero el costo será mucho mayor.

¿En un país como Brasil, con un sistema de educación pública masiva y llena de problemas, vale la pena hablar de la inversión en la primera infancia?

Sin lugar a dudas que sí. Antes de toda esta evidencia científica, un político podía defender la postura de que no valía la pena invertir en la primera infancia argumentando que los niños no recibirían la formación adecuada en esa etapa. Ahora, un discurso así ya no tiene validez. Tenemos que tomar la decisión política de priorizar a la primera infancia. Brasil es un país que está creciendo económicamente, pero aún sufre de una distribución de ingresos muy desigual. Tiene una gran necesidad de capital humano. Debemos entender de una vez por todas que los niños nacidos en una familia pobre no están necesariamente condenados a un subdesarrollo cognitivo. No tiene que ser así. Y el dinero invertido en la primera infancia proporciona la mejor relación costo-beneficio de todas las inversiones realizadas en la educación. La segunda decisión política a ser tomada es reconocer que para grupos restringidos de la población la estimulación educacional no es suficiente. Para las familias en situación de mayor vulnerabilidad, se necesitan programas para reducir y compensar los factores de estrés en la educación de los niños. La sociedad debe percibir que la inversión en la primera infancia será compensada: además de aumentar, en el futuro, la población económicamente activa, reduce mucho el número de personas que terminan en la cárcel. Hay estudios que lo demuestran.

¿Cómo convencer a los políticos que vale la pena tomar estas decisiones?

Sin lugar a dudas eso no es fácil. La inversión en educación infantil es la semilla que usted lanza y que sus hijos y nietos cosecharán más adelante. Es necesario un sentido de legado que le hace falta a muchos políticos preocupados por su propio desempeño en las próximas elecciones. Pero necesitamos argumentar y la ciencia ofrece excelentes argumentos. Un famoso estudio realizado en Michigan comparó, durante cuarenta años, el desempeño de personas pobres que tuvieron acceso a la educación en la primera infancia, con individuos similares que no recibieron el mismo apoyo en la primera infancia. Los resultados hablan por sí mismos: la probabilidad de completar la escuela secundaria fue 20 por ciento mayor en el grupo que había estudiado en la primera infancia. La implicancia en crímenes también fue significativamente menor en el grupo que estudió durante su primera infancia. Los economistas han calculado que por cada dólar invertido en la primera infancia, nueve dólares fueron ahorrados después. Sin duda, los niños serán más felices si reciben educación en la primera infancia. En el futuro, su tasa de empleo, por ejemplo, será más alta. Sin embargo, debemos darnos cuenta de que la sociedad es la que obtiene el mayor beneficio.

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