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ENTREVISTA
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Eduardo Bustelo, politólogo experto en planificación social

“La reducción de las desigualdades sociales pasa por cambios estructurales en el modelo de desarrollo”

"El tema de la igualdad es el gran desafío transformador para tener una sociedad más armoniosa, igualitaria, humanitaria", señala Bustelo.
Entrevista: Carlos Noriega

Eduardo Bustelo, politólogo argentino, experto en administración pública y planificación social, consultor de las Naciones Unidas en política social y combate a la pobreza, ex director de política social del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) para América Latina, analiza en la siguiente entrevista las brechas de desigualdad y la pobreza en América Latina en un contexto de crecimiento económico. Plantea las reformas necesarias para transformar el crecimiento de la región en un desarrollo sostenible con inclusión social y opina sobre la importancia de la inversión en la infancia.

En América Latina hay un discurso que pone énfasis en la inclusión social ampliamente aceptado en la región, pero más allá del discurso, ¿cuánto se ha avanzado en un desarrollo con inclusión social?

El problema central es el de la igualdad, esto lo hemos venido diciendo desde hace veinte años, porque América Latina siempre ha exhibido los índices de desigualdad más amplios del mundo. Pero hemos avanzando en inclusión social, se han aumentado los presupuestos a los sectores sociales, ha habido programas diseñados para grupos especialmente vulnerables. El crecimiento ha beneficiado el aumento de los presupuestos sociales, que representan una ayuda compensatoria. Pero en los presupuestos de educación, por ejemplo, que es un sector clave, hay muy pocos países que están arriba del 6 por ciento del PBI, como recomienda la UNESCO; en ese caso hay mucho para avanzar, sobre todo en la educación de la infancia, los niños y adolescentes. Damos la bienvenida a esta década donde se ha avanzado en inclusión social, pero estamos en un largo recorrido para buscar mejores márgenes de igualdad, mejores márgenes para tener sociedades más armónicas, donde no haya tanta diferencia, ni tanta concentración de la riqueza por parte de los grupos más ricos. 

¿En esta década de crecimiento económico en la región se ha dado un proceso de mayor concentración de la riqueza en los sectores minoritarios más ricos?

El estudio de Thomás Pikkety sobre el capital del siglo XXI, que ha llevado más de 15 años de investigación en 20 países y ha tenido resonancia mundial, concluye que el capital está en un época de concentración y que esa concentración se da en un pequeño número de ricos, a través de la herencia a sus hijos, nietos, familiares, y que se está conformando una nueva clase social mundial no meritocrática, es decir, que no recibe cosas por mérito propio sino por lo que tenían sus antecesores. Una concentración cada vez mayor del capital constituye un desafío al sistema democrático. El tema de la igualdad es el gran desafío transformador para tener una sociedad más armoniosa, igualitaria, humanitaria.

Se destaca el importante crecimiento económico que en los últimos años ha tenido América Latina, pero a la par de ese crecimiento se ha dado ese proceso de mayor concentración de la riqueza y aunque la pobreza se ha reducido esa reducción no ha ido a la par del crecimiento económico, y las desigualdades se mantienen. Y muchos países sostienen su crecimiento en una dependencia de la exportación de sus materias primas. ¿Se está desaprovechando una época de bonanza económica para reducir las desigualdades y diversificar la estructura productiva y así poder tener un desarrollo sostenible?

América Latina ha tenido esta etapa de crecimiento excepcional, fundamentalmente, es cierto, por el gran crecimiento del precio de los commodities, que en este momento se está frenando. La cuestión es, efectivamente, cómo sustentar ese crecimiento. Esta etapa de bonanza económica en América Latina ha sido en algunos aspectos sólida, pero en otros aspectos merece una interrogante, porque, efectivamente, ha implicado una importante reprimarización de la economía. Según el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, ésta ha descendido en la mayoría de los países, pero ha descendido muy pocos puntos; en esto hay un largo camino por recorrer. Estamos en una región en donde los países más avanzados tienen 12 ó 13 mil dólares anuales de ingreso per cápita promedio, mientras un país europeo medio tiene 24 ó 25 mil dólares de ingreso per cápita anuales, incluso los más pobres. En ese sentido, nosotros tenemos que hacer un enorme esfuerzo productivo para aumentar ese ingreso per cápita. El segundo desafío de la región, tal vez el mayor, es el esfuerzo de hacer más justa la distribución de los ingresos, porque si eso no se hace no vamos a tener viabilidad democrática. La viabilidad de la democracia está relacionada al ejercicio efectivo de las libertades, y eso depende de la base material, y si la base material crece y se concentra más, como ha sido la experiencia de América Latina, eso es negativo. Por eso tenemos que buscar una profundización de la democracia económica, de la democracia política, de la democracia social, ese debe ser el camino.

¿Y cómo ha avanzado la democracia social en la región?

Ha habido un avance en la democratización, en algunos países ha habido una democratización con una vocación más social, más resolutoria de problemas, y otros países obedecen más a una tradición más institucional, más formal. Creo que en estas dos maneras de la democracia se ha avanzado, pero todavía estamos lejos de encontrar una fórmula democrática que represente una superación de la crisis de representatividad, que hoy día es muy clara y que exige nuevas formas de representación, sobre todo en el caso de los jóvenes y adolescentes. En América Latina la población de 20 años es casi más del 25 por ciento de la población total, pero no tiene ninguna participación política. Hay algunos países donde incluso hasta los presos pueden votar, pero los jóvenes y adolescentes no pueden expresarse. En Argentina hemos avanzado porque hemos bajado la edad para votar de 18 a 16 años como voto voluntario, y la tasa de participación de los jóvenes ha sido alta. Hay una vocación de las nuevas generaciones por participar, por preocuparse, ellos levantan un nuevo lenguaje que a nosotros los adultos nos resultad difícil a veces de entender. Creo que ha llegado el momento de ampliar esos márgenes de participación y particularmente hago referencia al caso de los niños, adolescentes y jóvenes.

¿En América Latina se ha puesto mucho énfasis en el crecimiento económico pero muy poco en la distribución de los beneficios de ese crecimiento? 

En América Latina hemos estado poniendo mucho énfasis sobre los estudios de la pobreza y no sabemos mucho sobre la riqueza y su forma de reproducción. Creo que ha llegado el momento de cambiar y de que pongamos más énfasis en el estudio sobre la riqueza para ver de qué manera, democrática, consensuada, podemos hacer una mejor distribución de esa riqueza.

¿La región tiene los recursos para haber avanzado mucho más en la reducción de la pobreza y las desigualdades?

Sí, creo que sí. Se ha podido hacer más en ese sentido. Lo que ha demostrado la historia de América Latina es que en las recesiones los pobres son los que más se perjudican y que en los periodos de crecimiento económico los pobres avanzan pero menos que los ricos. Es decir, se puede tener menos pobres, pero también se puede tener mayor desigualdad. Algo de eso ha pasado en esta última década.

¿Cómo hacer para convertir el crecimiento económico en un desarrollo social que reduzca las desigualdades?

Para lograr eso, el rol fundamental depende de la política. De la política depende poder alcanzar nuevos acuerdos, articulaciones, configurar nuevas alianza estratégicas; no es una batalla fácil, se requiere nuevamente el nacimiento de las virtudes cívicas. La política es esencialmente la que debe dar la respuesta a esto, porque no es un juego matemático, este es un juego político, donde hay fuerzas que están a favor y otras en contra. Tenemos que corregir este mal de la desigualdad, porque si no lo hacemos esta situación va a asfixiar a nuestra democracia. La política fiscal es fundamental para redistribuir la riqueza y reducir las desigualdades. En el siglo XX en el advenimiento del Estado de Bienestar un rol muy importante lo tuvo la política fiscal, pensada como un mecanismo redistribuidor del ingreso, haciendo pagar más a los ricos para darle más a los pobres, reduciendo así la brecha social, lo que se consiguió admirablemente en Europa Occidental sin derramar sangre. Esto, que en América Latina aún no lo hemos realizado en nuestra historia, es lo que tenemos que buscar con innovación y creatividad, aunque esto parezca un llamamiento utópico, una convocatoria utópica. 

Ese modelo del Estado de Bienestar en Europa Occidental, que usted destaca como un ejemplo de redistribución y de justicia social, está en una etapa de desmantelamiento.
 
Eduardo Bustelo sostiene que "La política fiscal es fundamental para redistribuir la riqueza y reducir las desigualdades".
Eso es correcto. Eso está ocurriendo porque el capitalismo actual a nivel mundial se basa esencialmente en las acumulaciones financieras, y porque a partir de 1989, con la caída del Muro de Berlín, se rompió un pacto que había entre los empresarios y los trabajadores y distintos sectores de la sociedad, y entonces comenzaron las políticas neoliberales que desmantelaron ese Estado de Bienestar. Pero creo que no es que hay que reparar ese Estado de Bienestar, hay que buscar ese concepto, esa lógica, que tenía ese Estado de Bienestar, que dio respuestas para las economías europeas en su resurgimiento después de la Segunda Guerra Mundial. En ese modelo hay ideas válidas: los principios de la universalidad, de la redistribución, el valor del empleo, de la educación como mecanismo de ascenso social, la tarea fundamental con los niños y los adolescentes. Mañana, cuando los historiadores escriban sobre qué fue lo más humano que hicieron los humanos durante el siglo XX, dirán, sin duda, que fue el Estado de Bienestar, donde una parte de la sociedad se hizo responsable por la totalidad de la sociedad. 

Algunos países de América Latina han puesto énfasis en la inversión en programas sociales como una forma de reducir la pobreza y las desigualdades. ¿La reducción de las desigualdades pasa por invertir en programas sociales o por cambios estructurales en el modelo de desarrollo? 

Pasa por esta última hipótesis, de cambios estructurales en el modelo de desarrollo, aunque no menosprecio la inversión en programas sociales, porque para una persona pobre una cosa es no tener nada y otra cosa es tener lo que recibe de los programas sociales. Los programas compensatorios, humanitarios, siguen siendo muy importantes, lo que pasa es que debemos ir a la otra punta de la distribución, tenemos que ir a los ricos, para poner un nuevo orden de participación, de ciudadanía, un orden económico alternativo.

¿Cuáles serían los aspectos centrales de ese orden económico alternativo?

Uno, la política fiscal, que en muchos de los países de América Latina continúa siendo regresiva. Debe haber una reforma fiscal redistributiva, que incluya, por ejemplo, una innovación que ya viene sugerida incluso por el Banco Mundial, como es el impuesto a la herencia. En segundo lugar, una fuerte inversión estratégica en el sector educativo para poner mayor valor agregado a nuestros productos, debemos acceder a niveles de conocimiento que nos permitan elevar la productividad de nuestras exportaciones. En tercer lugar, darle una importancia estratégica a las nuevas generaciones: a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes.

¿Cuál es la prioridad que debe tener la inversión en la infancia para avanzar hacia un desarrollo con equidad, con inclusión social? 

La inversión en la infancia es fundamental. Toda sociedad es en general adultocéntrica, es decir, está gobernada por los adultos, y los adultos creen que tienen el poder total sobre las nuevas generaciones, se definen como completos y definen a los niños como incompletos, se definen como maduros y a los niños como inmaduros, hay una serie de lenguajes descalificadores hacia la infancia, decir adolescentes, por ejemplo, es decir los que adolecen. En el campo de la infancia en este momento se necesita una gran evolución que supere, incluso, los derechos de los niños para ir más hacia un enfoque generacional, un enfoque en donde la infancia transporta lo nuevo, la creación, la emancipación. Son los niños los que tienen el poder de terminar con la teoría de la transmisión, esta idea que tenemos los adultos de que los niños son una fotocopia de nosotros. No, no son una fotocopia de nosotros, son distintos, y van a ser muy distintos, y a eso tenemos que apostar, jugar nuestras fichas a los niños fuertemente, porque ellos nos van a superar.



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