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COLUMNA DE OPINIÓN
El país entero debe estar indignado, porque es indignante y absurdo que apenas una minúscula minoría de los niños y niñas que asisten a las escuelas resulten aprobados en pruebas nacionales que evalúan el rendimiento en áreas elementales, como son la Comprensión Lectora y Matemática, al final del segundo grado de Primaria.
La información es conocida: promedios nacionales paupérrimos de estudiantes que logran el nivel esperado: 29,8% en Comprensión Lectora y apenas 13,2% en Matemática. Pero lo peor es la enorme diferencia entre urbanos y rurales, entre regiones, entre niveles socioeconómicos y entre hablantes de castellano y hablantes de lenguas nativas; en desigualdad somos campeones mundiales.
Los evaluados son niños y niñas que han asistido a la escuela al menos dos años, durante ocho o nueve meses que dura cada año escolar. Son niños y niñas poseedores de un derecho constitucional y universal a la educación, a una educación que debe expresarse en el desarrollo de capacidades, conocimientos y destrezas previstos en leyes y documentos normativos. Son niños y niñas deseosos de aprender lo que el sistema escolar les promete; niños y niñas que en muchos casos realizan esfuerzos enormes para asistir diariamente a sus escuelas.
También las familias desean que sus hijos e hijas aprendan lo que la escuela les promete y para lograrlo realizan grandes sacrificios, con la esperanza de que la educación –como les dice el país oficial- les permita ejercer el conjunto de sus derechos y deberes de ciudadanos peruanos y universales, y de ese modo acceder a una vida adulta buena y digna.
No debemos permitir que el sistema escolar siga fracasando. Y eso implica reiterar que los resultados de las evaluaciones realizadas por el Ministerio de Educación en los últimos años son inadmisibles y absurdos. Insistir en declarar que es un escándalo y una vergüenza nacional e internacional que nuestros niños y niñas no estén logrando lo más básico de la educación: comprender lo que leen, sumar y restar, solucionar problemas con los números.
Debemos expresar nuestra indignación hasta sacudir y transformar el sistema escolar, que está fracasando. El Estado tiene que invertir en educación básica mucho más y mucho mejor; en toda la educación básica. No más gastos absurdos en colegios mayores o emblemáticos, en computadoras distribuidas sin respaldo apropiado ni cambio del modelo pedagógico; no más políticas y medidas caprichosas y desconectadas, sin sustento en la experiencia educativa mundial. El gobierno actual hace bien al reorientar la política educativa para reforzar la escuela pública y reducir las brechas en la calidad del servicio y en los resultados del aprendizaje, transformando el sistema escolar en su conjunto con políticas universales; algunas políticas focalizadas son necesarias pero no son suficientes.
Las escuelas públicas del Perú, los maestros y maestras del Estado y sus directores, pueden lograr muchos más y mejores resultados educativos que los que se han venido obteniendo en los últimos años. Están preparados y equipados para hacerlo. Este mismo año se puede dar un gran salto en los números de niños y niñas que alcanzan el nivel esperado en las áreas fundamentales. Para ello se requiere la implementación inmediata de una nueva política magisterial, orientada a ganar la voluntad y el compromiso de los y las docentes para que los estudiantes a su cargo efectivamente aprendan y desarrollen todo su potencial.
Los profesores y profesoras han venido siendo maltratados por décadas, ninguneados, despreciados, considerados como un insumo secundario y problemático del sistema. Es hora de afirmar su dignidad, de tratarlos como protagonistas – junto a los estudiantes - de la experiencia educativa, de incluirlos como actores y agentes del cambio del sistema escolar. Y en esta convocatoria al cambio, tan importantes como la ley y la mejora de las condiciones de trabajo son la motivación, el liderazgo, la identificación de desafíos y la movilización colectiva por el logro de metas ambiciosas en cada institución educativa, en cada red de escuelas, en cada región y en todo el país. Con el apoyo de recursos educativos apropiados y el respaldo del país, los docentes lo harán.
Por eso nos sumamos a la Movilización Nacional por la Mejora de los Aprendizajes convocada por el Ministerio de Educación: “Todos podemos aprender, nadie se quede atrás”.
Manuel Bello, educador, psicólogo, doctor en ciencias, decano de la Facultad de Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.
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ENTREVISTA
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Responden congresistas Alberto Beingolea y Marisol Pérez Tello
Debate sobre la propuesta de un nuevo Código del Niño y Adolescente
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La Comisión de Justicia y Derechos Humanos ha aprobado un Código del Niño y del Adolescente que reemplaza al vigente Código del Niño, Niña y Adolescente, el cual deberá ser debatido en el pleno del Congreso. Esta propuesta ha generado duras críticas. Los congresistas Alberto Beingolea, presidente de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, y Marisol Pérez Tello, integrante de esta comisión, opinan sobre el tema. Ambos pertenecen a la bancada de Alianza por el Gran Cambio, pero discrepan frente a este nuevo Código.
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NOTICIAS
EXPERIENCIAS QUE VALE LA PENA CONOCER
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En Lamay, Cusco
Programa de crecimiento y desarrollo temprano de la niñez
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Lamay es un distrito situado en la provincia cusqueña de Calca, donde en el año 2001 llegó la ONG World Vision con la misión de crear un proyecto piloto destinado a la niñez, que involucrara las áreas de educación, salud y derechos de los niños. Con la participación de la Asociación Ricchary Ayllu de Lamay, este proyecto se puso en marcha dirigido a la primera infancia, con el objetivo de promover el crecimiento y desarrollo temprano (CREDT), desde la gestación de los niños hasta los 3 años de edad, a fin de reducir la desnutrición crónica y la deficiencia de micronutrientes, especialmente la anemia por deficiencia de hierro.
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