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Proyecto de World Vision Perú fortalece capacidades de las Ollas Comunes




 
San Juan de Lurigancho, el distrito más poblado de Lima, es una de las zonas de intervención del proyecto de la ONG World Vision Perú que beneficia a las madres voluntarias de las ollas comunes y a los niños de la zona.

Desde Inversión en la Infancia, siempre resaltamos la importancia de la sociedad civil organizada y su papel en provecho de las niñas, niños y adolescentes del país. Un claro ejemplo son las Ollas Comunes, que permiten a muchos niños y niñas, en la medida de lo posible,  irse  a dormir sin hambre. Aquí dejamos un buena experiencia por parte de la ONG World Vision Perú, que permitirá reforzar esta labor en beneficio de la infancia y niñez.

“Solíamos hacer nuestra sopita porque se conseguía verduras. Ahora ya no. No se puede cocinar sopa con segundo porque no nos alcanza. Ya no se come pollo, ni carne, ni se toma leche. Eso es un lujo”.


Son las 9 a.m. y la señora Margarita, junto a otras cuatro madres de familia, empiezan a preparar el plato del día (tallarines verdes con espinazo de pollo) para los 60 comensales que dependen de su olla común, en la parte alta de uno de los cerros de San Juan de Lurigancho, pasando el cementerio Los Sauces. Ella y 25 madres de la zona se juntaron en los meses más críticos de la pandemia para enfrentar la falta de un plato en las mesas de los vecinos, sobre todo de los que perdieron sus trabajos.


Algunas mamás vecinas colaboraban con papas, arroz, lo que tuvieran en ese momento. Pero no bastaba. Se reunían con otras madres –“guerreras”, como dice Margarita- de distritos aledaños para ir a Santa Anita y recorrer los mercados. Hubo comerciantes que las apoyaron con verduras, abarrotes. Así, la olla común ‘Luz y esperanza’ se solventaba con los almuerzos a S/1.50 para los socios y a S/2 para el resto. Mujeres embarazadas y niños eran los principales beneficiados. Pero hace más de dos meses que está preocupada: no les alcanza para comprar alimentos. Las ollas comunes están atravesando una de sus peores crisis debido al alza de precios de esos insumos.


“El arroz lo conseguíamos a S/2.80, ahora lo venden a S/4.50. El azúcar también ha subido. Antes buenamente nos daban [en el mercado], pero ya no. El gas nos lo vendían hasta S/29, ahora hemos pagado como S/60. La gente sigue viniendo, no puede no haber un plato de comida”, cuenta con frustración Margarita. La nutrición es clave en el desarrollo humano: un niño y niña bien alimentada, puede desarrollar un mejor aprendizaje. Como parte de sus acciones en beneficio de la niñez en el país, la ONG World Vision Perú -junto a USAID y el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés)- quiere fortalecer las capacidades de las Ollas Comunes para apoyar la seguridad alimentaria.


Desde inicios de este año viene desarrollando el proyecto “Fortalecer las capacidades de las Ollas Comunes para apoyar la seguridad alimentaria en el contexto de la pandemia por la COVID-19”, donde realizan talleres de fortalecimiento en nutrición saludable: triple carga de malnutrición menús balanceados, administración de alimentos, porciones, raciones económicas. Además de talleres de buenas prácticas de manipulación y almacenamiento de alimentos (condiciones sanitarias mínimas para preparar alimento y cómo almacenarlo); también capacitaciones en prácticas sanitarias de bioseguridad y lavado de manos.


“El proyecto busca ayudar a las madres voluntarias en darles ciertas herramientas para gestionar mejor su huella común y que les permita atender de mejor manera a los beneficiarios de los alimentos que ellos preparan. A lo largo de la historia hemos visto cómo las mujeres -mediante las ollas comunes y los comedores- ayudaron a miles a enfrentar la crisis. Lo hicieron en la pandemia y continúa hasta hoy”, señala Sandra Contreras, directora ejecutiva de World Vision Perú.


Esta iniciativa interviene en 112 ollas del distrito, beneficiando a 5,926 niñas y niños desde los 0 meses hasta los 17 años. Así, pequeños como Andrea (13), beneficiaria de la olla común “Luciérnagas de fe”, ha aprendido la importancia del correcto lavado de manos, la bioseguridad de los alimentos y el buen servido. Actividades que le ha enseñado a sus tías, tíos y sus amigos del colegio.


A las faldas de un cerro, al otro extremo de la ciudad, la señora Rosa, de la olla común “Nuevo Amanecer”, ha notado un cambio luego de los talleres. “Hemos aprendido muchas cosas sobre la alimentación porque, por ejemplo, a veces servíamos más arroz pensando que así comían mejor. Gracias a las capacitaciones hemos reemplazado por más verduras, menestras. Si hay pescado, se sirve con una buena ensalada”. Saber que los más pequeños se están alimentando como corresponde, es su motivación diaria. Como la de muchas madres de las ollas comunes que continúan esta loable labor.


Para contribuir al desarrollo de la niñez, súmate en https://sumate.worldvision.pe/.


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