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OPINION
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"Reflexiones sobre el impacto de la desnutrición y la anemia"

Por: Faviola S. Jiménez Ramos*

Hace pocos días participé como expositora en la conferencia de prensa convocada por el Grupo Impulsor Inversión en la Infancia, la cual tenía como objetivo convocar y comprometer a las autoridades nacionales, regionales y locales, a priorizar en las políticas públicas el combate contra la desnutrición y la anemia infantil con el objetivo de alcanzar la meta de anemia y desnutrición cero, y también involucrar a la sociedad en esta tarea de terminar con estos graves problemas que afectan el desarrollo de la infancia.

Mi participación estuvo orientada a explicar aspectos conceptuales sobre la desnutrición y anemia y también abordar sus secuelas, y el impacto que éstas ocasionan; comparto con ustedes algunos aspectos que tuve la oportunidad de abordar:

Las típicas definiciones que se encuentran sobre desnutrición crónica y anemia son definiciones bio-médico-recuperativas, es decir que abordan el problema desde un enfoque meramente clínico cuando en la actualidad sabemos que son enfermedades multifactoriales y multidimensionales, por lo que la solución va más allá del tema alimentario; desde el punto de vista clínico, la desnutrición crónica es una enfermedad que se produce por un déficit en los requerimientos nutricionales del niño o de la niña y se expresa en una baja talla para la edad en relación a un patrón de referencia, y en el caso de la anemia, ésta constituye también un problema de salud pública: se ha identificado para el Perú que el gran problema que arrastramos es el tema de una anemia nutricional por bajo consumo de hierro de origen animal.

En el Perú este binomio es nefasto para nuestros niños, pues las primeras etapas de la vida son decisivas en el desarrollo del sistema nervioso, aquí juega un papel decisivo el número de las neuronas, pero más importante aún es cómo se interconectan, es decir el sistema de “cableado”, las carreteras neuronales que se forman en los niños bien nutridos. Entonces, en términos sencillos podemos explicar que un niño bien alimentado y con una adecuada estimulación que crece en un entorno adecuado, con cuidado y cariño, formará unas súper carreteras neuronales; hablamos, entonces, de un ciudadano que podrá sumar, restar, multiplicar, dividir, razonar, explicarse con propiedad, ser innovador, en resumen podrá desplegar todo su potencial, en cambio, en los niños desnutridos y con anemia, que aún son una gran cantidad en nuestro país, tendremos adultos con secuelas, adultos que de repente a duras penas sabrán leer, sumar y restar, pero nunca multiplicar o dividir, nunca tendrán posibilidades de insertarse favorablemente a la fuerza laboral, el término es fuerte, pero la realidad es que desde hace mucho tiempo por esta situación tenemos generaciones de peruanos pérdidas. La movilización de anemia y desnutrición cero es, entonces, fundamental, se trata de cómo todos nos comprometemos, de cómo desde nuestros sectores sumamos para revertir esta situación.

Para finalizar, quisiera compartir con ustedes mis reflexiones acerca de los estudios que han intentado medir los impactos sociales, económicos, e incluso de desarrollo humano, de la desnutrición y la anemia. Considero que todos ellos se han quedado cortos en relación a la magnitud del problema, porque se han enfocado en el recuento de los daños, creo que el enfoque apropiado es iniciar el análisis preguntándonos: ¿cuántas  generaciones de peruanos hemos perdido por los niños desnutridos y anémicos de nuestro país?, ¿cuánto habrían podido aportar estos niños, a ellos mismos, a sus familias y también al país?, ¿cuántos investigadores, cuántos maestros, ingenieros, hemos perdido?, ¿cuánto talento hemos desperdiciado?. Como manifestamos el jueves 23 de abril en la conferencia de prensa, somos optimistas de que es posible fijar metas ambiciosas en la reducción de la desnutrición y anemia infantil y trabajar muy fuerte para alcanzarlas. Lo más valioso que tiene un país es su capital humano y debemos actuar para lograr generaciones de peruanos más saludables, más creativos, con mayor bienestar, que puedan vivir una vida plena y feliz.


*Faviola S. Jiménez Ramos, nutricionista, magister scientiae en Nutrición Humana, doctora en Salud Pública y diplomada en Promoción de la Salud. Directora de la Red Peruana de Alimentación y Nutrición (RPAN).

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