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OPINION
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La movilización nacional para reducir la anemia y la desnutrición crónica infantil en el Perú

Por: Mario Tavera*

La anemia por deficiencia de hierro es el principal problema nutricional que afecta a la población en el mundo, así  como en el  Perú. Se estima que a nivel mundial, 1 millón 500 mil personas registran algún nivel de anemia. Determinadas poblaciones están en mayor riego de ser afectados por la anemia por deficiencia de hierro, especialmente niños y niñas, madres gestantes y lactantes. La desnutrición crónica infantil (DCI) afecta a 250 millones de niños menores de cinco años.

El hierro es un nutriente fundamental, pues cumple importantes funciones, como el transporte de oxígeno a los tejidos, formación de neurotransmisores necesarios para el adecuado funcionamiento cerebral y respuesta inmunológica frente a las infecciones. La DCI afecta el incremento en tamaño, así como el adecuado funcionamiento de órganos y tejidos del organismo, especialmente el sistema nervioso central. 

El niño está en mayor riesgo de padecer anemia y desnutrición crónica debido a la mayor necesidad de acumular hierro, a causa de su acelerado crecimiento. Es por esa razón que los mayores niveles de anemia y desnutrición crónica se registran en niños y niñas menores de tres años de edad, es decir cuando la velocidad de crecimiento es muy acelerada. Lo mismo sucede con la madre durante la  gestación debido al acelerado proceso de crecimiento del bebe, especialmente durante los últimos meses de embarazo.

Lamentablemente, en el Perú casi la mitad de los niños y niñas menores de tres años padecen de anemia, así como una de cada tres madres gestantes. En el caso de la DCI, afecta a uno de cada cinco niños menores de cinco años. Si bien es cierto son los niños de las áreas rurales, con mayor nivel de pobreza y falta de educación de los padres, los que registran con mayor frecuencia anemia, ésta  también afecta a los niños de las ciudades, con mayores niveles de ingresos y mejor nivel educativo en la familia.

El problema es grave en el Perú si tenemos en consideración no sólo el número de afectados, sino nuestra condición de país de ingresos medios. Si analizamos la relación entre niveles de ingresos per cápita y niveles de anemia  y desnutrición crónica infantil, el Perú aparece como uno de los países de ingreso medios con mayor nivel de anemia y DCI a nivel global. 

Es  inaceptable que el Perú tenga los niveles de anemia que registran sus niños y niñas más pequeños, así como los de edad escolar. Existen múltiples experiencias que logran reducir sus altos niveles en cortos periodos de tiempo. Por otro lado, no siendo una intervención fácil, sí es de relativo bajo costo, frente a otras intervenciones más caras y de menor impacto económico y social.

El Estado ha asumido un firme compromiso de abatir el tema de la anemia y la desnutrición crónica infantil. El actual gobierno se ha comprometido en reducir, al 2016,  a no más de 10% la prevalencia de niños y niñas menores de cinco años con desnutrición crónica y la prevalencia de anemia en no más del 20%, es decir reducir  en casi un 50% los actuales niveles en ambos casos.
 
Para ello, no sólo basta la acción y el compromiso de las autoridades y de los trabajadores estatales responsables de servicios y programas sociales. Será vital promover  una movilización nacional, que incluya la participación de líderes de opinión, medios de comunicación, empresas e Instituciones privadas, colegios profesionales y sociedades científicas. Organizaciones comunitarias y las familias.

Es vital el compromiso de las autoridades nacionales al más alto nivel, con el propósito de liderar el compromiso de las instituciones responsables a nivel nacional y regional, asegurar el financiamiento necesario, dar las orientaciones y normatividad técnica, así como monitorear y evaluar los progresos.

Todo esfuerzo nacional, no tendrá impacto si no se logra una activa participación de las autoridades regionales y locales. En el contexto de la descentralización existen competencias y recursos financieros, en estos niveles, que deben estar alineados a la prioridad nacional. Se requiere que los nuevos gobiernos regionales y municipales lideren este proceso, convocando la participación de las  instituciones públicas, sociedad civil y a las comunidades locales.

Es también fundamental convocar la participación de las familias, con el propósito de que hagan uso de los servicios públicos que desarrollan acciones para reducir la anemia y DCI, mejoren las prácticas para el cuidado en el hogar  de niños y niñas, así como vigilar el adecuado funcionamiento de servicios y programas sociales.

Para asegurar el uso de los servicios en áreas rurales, especialmente de la amazonia, será fundamental adecuar las intervenciones al contexto geográfico y cultural de las comunidades locales, de lo contrario tendrán poco efecto. En estas áreas del país donde se registran los peores niveles de anemia y desnutrición crónica infantil.

El proceso de abogacía que impulsa “Inversión en la Infancia”  busca comprometer el liderazgo de las autoridades en el nivel nacional, regional y local, así como la participación de la sociedad civil, para hacer de la lucha contra la anemia y DCI una movilización nacional para mejorar las condiciones de vida, y preservar las potencialidades de desarrollo de todos los niños y niñas  del país.


*Mario Tavera, médico pediatra, oficial de Salud del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).


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