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EDITORIAL
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La oportunidad de unirnos para demandar compromisos por la infancia y niñez

Imagen: composición IA. 

Llegamos a la mitad del año 2026 y los grandes desafíos del país siguen tan vigentes como al inicio del calendario. La inminente llegada del fenómeno El Niño Costero, la persistencia de la anemia infantil, la inseguridad alimentaria y la inestabilidad política conforman un escenario que exige decisiones inmediatas. La pregunta es inevitable: ¿quién asumirá la responsabilidad de enfrentar estos problemas con la seriedad que demandan?

 

Las alertas sobre un posible fenómeno El Niño de gran intensidad no son nuevas. Diversos organismos nacionales e internacionales han advertido sobre los riesgos que representa para el Perú. Incluso, un reciente reporte de Credicorp Capital proyecta que regiones estratégicas para la agroindustria y la economía nacional, como Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad, serían las más expuestas a sus impactos. Sin embargo, las acciones de prevención continúan siendo insuficientes y la esperada reconstrucción con cambios sigue mostrando más promesas que resultados concretos.

 

A esta amenaza se suma una realidad que el país no ha logrado revertir: la situación de la infancia. Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2025, la anemia afecta al 43,4 % de los niños de 6 a 35 meses, apenas 0,3 puntos porcentuales menos que el 43,7 % registrado en 2024. Esta mínima reducción demuestra que los esfuerzos realizados hasta ahora no han sido suficientes para enfrentar uno de los principales problemas de salud pública que limita el desarrollo de miles de niños peruanos.

 

La crisis política tampoco ha sido ajena a este panorama. En los últimos años, el país ha visto pasar gobiernos que, lejos de construir políticas de Estado sostenibles, han respondido con medidas fragmentadas y de corto plazo. La falta de continuidad en las políticas públicas ha debilitado la capacidad del Estado para atender problemas estructurales como la pobreza, la desnutrición, la inseguridad alimentaria y la vulnerabilidad frente a los desastres naturales.

 

Creemos que el nuevo gobierno tiene hoy la gran oportunidad y la responsabilidad de cambiar ese rumbo. Pero claro, ello implica colocar el desarrollo de la infancia en el centro de la agenda nacional, fortalecer la prevención frente a los efectos de El Niño, recuperar la capacidad de gestión del Estado y promover una verdadera articulación entre el Gobierno Nacional, los gobiernos regionales, los municipios, el sector privado y la sociedad civil.

 

Iniciativas como el Pacto por la Infancia, impulsado por Inversión en la Infancia, entre otros compromisos de esta organización ciudadana, demuestran que es posible construir consensos alrededor de objetivos comunes. El país necesita precisamente eso: una visión compartida que trascienda los periodos de gobierno y convierta a la niñez en una prioridad nacional. Porque invertir en la infancia no solo significa proteger a quienes más lo necesitan; significa asegurar el futuro del Perú. No hacerlo sería prolongar una deuda histórica que el país ya no puede seguir postergando.




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