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OPINION
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Las cifras de la niñez: retos para el nuevo gobierno

Por: Carlos E. Aramburú*

La calidad moral de una sociedad se mide por la forma en que trata y protege a los niños. Si bien esta es una tarea que recae sobre todo en las familias, los niños no son ajenos al contexto en que viven, y como efecto de la modernización se ven afectados crecientemente por el contexto mayor y por el entorno y los espacios públicos en que se desenvuelven (barrio, comunidad, escuela, parques, calles, etc.). Por ello, la protección y apoyo a la niñez es también una función pública, basada en sus derechos como personas.

¿Qué cambios encontramos en las condiciones de vida de los niños en el país? ¿Cuáles son las implicancias de estos cambios para las políticas públicas? Analizaremos la evidencia en las líneas siguientes.

Pese al crecimiento de las ciudades, un 40% de niños menores de 12 años viven en zonas rurales, una proporción mayor que los adultos, pues las familias rurales tienen una fecundidad más alta (3,4 hijos/mujer frente a 2,1 en las ciudades ). No solo son las familias rurales más numerosas, son también más pobres: 46% de pobreza versus 15% en las familias urbanas . De ello resulta que el grupo etáreo con mayores niveles de pobreza sea precisamente el de estos niños rurales. Uno de cada 6 de estos niños viven en hogares nucleares, pero un 34% en hogares extendidos, con otros parientes (abuelos, hermanos casados, tíos, etc.), y esta es una tendencia creciente, sobre todo en las ciudades, por el alto costo de la vivienda. La presencia de otros adultos en el seno familiar puede ser una oportunidad para compartir el cuidado del niño, en especial si los padres trabajan.  

A esta tendencia se suma otra preocupante: el incremento de hogares con mujeres solas como jefes de familia. En Lima ya son el 28% del total, y en otras ciudades grandes un 25%. La política social no ha considerado este hecho asociado a crecientes tasas de separación, divorcio y aumento de madres solteras. Dada su mayor vulnerabilidad, este tipo de familia debería tener mayor prioridad en las políticas de protección social. Se necesita tanto prevenir el embarazo adolescente, sin cambios en la última década, como apoyar a las madres solas que trabajan en la protección  y el cuidado de sus hijos menores ampliando el componente de acompañamiento familiar de Cuna Mas a las familias urbanas a cargo de estas mujeres jefas de familia. 

Como se sabe, pese al avance en la disminución de la desnutrición crónica en los niños menores de 5 años, del 19,5% en 2011 al 14,4% en 2015, la incidencia de anemia infantil no ha mejorado. De un 31% en 2011, sube a 36% en 2014, y mejora levemente al 33% el año pasado . Este es otro reto clave para el nuevo gobierno; no podemos ser un país “moderno y próspero” con uno de cada tres niños anémicos. El acceso a servicios de salud para los niños es aún inadecuado: el 44% de niños con problemas de salud no acudió a un servicio por barreras físicas (distancia), económicas (costo del traslado), pero sobre todo por barreras culturales y de la atención (desconfianza, maltrato, demora). Humanizar y acercar los servicios de salud a los niños es otro reto de crucial importancia para el gobierno de PPK. 

Finalmente, cabe resaltar el reto de la educación inicial; si bien la cobertura de Educación Básica Regular en niños entre 3 y 5 años ha subido del 80,7% al 84,2%, para los niños y niñas rurales es de solo un 70%. Las principales razones para esta exclusión educativa son la inexistencia de centros educativos cercanos, las barreras culturales, pues muchos padres no le atribuyen la importancia debida a la educación inicial, y las barreras económicas, en ese orden. 

La “revolución social” de la que nos habla el presidente pasa entonces por priorizar y atender a la niñez, y esta es una tarea por esencia multisectorial, ningún ministerio podrá solo y por su cuenta resolver los retos planteados. Apoyar y vigilar que este compromiso se cumpla es entonces nuestra tarea y responsabilidad. 


*Carlos E. Aramburú, antropólogo, catedrático de la Universidad Católica, miembros del Grupo Impulsor Inversión en la Infancia. 
 

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