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OPINION
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La primera infancia en el Perú: Balance de los últimos cinco años

Por: Carlos E. Aramburú*

A casi finalizar el 2015 vale la pena intentar un balance de los logros de este quinquenio en relación a la primera infancia.

AVANCES

Se ha logrado un avance importante en reducir la desnutrición crónica infantil (DCI= talla para la edad) de 23% de los menores de 3 años a 14% entre 2010-2015. El descenso ha sido mayor entre los niños rurales (11 puntos porcentuales) que entre los urbanos (5 puntos porcentuales), lo que contribuye a la equidad, aunque cabe notar que la DCI rural sigue estando 3 veces más alta la urbana. La meta a futuro, por tanto, no solo es seguir reduciendo el nivel de la DCI, sino además reducir la brecha urbano/rural.

En la lucha contra la anemia (déficit de hierro en la sangre) se ha logrado, asimismo, un avance importante: ésta se ha reducido del 50% al 43% entre los niños menores de 6 a 36 meses, en el mismo período 2010-2015. Sin embargo, para este indicador el descenso ha sido muy parecido entre los niños rurales y urbanos: 6 y 7 puntos porcentuales, respectivamente. Cabe notar que la anemia afecta a una proporción todavía muy alta de los niños y niñas, tanto en el medio rural (49%) como en el urbano (41%). Solucionar este problema depende no solo de la ayuda estatal, sino de la educación de la madre y de cambios en la dieta del niño, por lo que se necesita un mejor programa de educación alimentaria.

También en cuanto a la educación se han logrado avances importantes. El porcentaje de niños en  segundo de primaria que no entienden lo que leen ha bajado del 24% a 12.5%, es decir casi a la mitad. En comprensión matemática hay también buenos resultados; el porcentaje de niños del mismo grado que no alcanzan el nivel de competencia esperado se ha reducido del 53% al 39%. Pese a esta mejora, ello revela que casi 4 de cada 10 alumnos de segundo grado no tienen las habilidades matemáticas básicas para ese ciclo de estudios.

Un aspecto clave de la salud infantil (y de la de todas las personas) es el acceso a agua limpia y saneamiento (desagüe). En este aspecto, los resultados son también alentadores. En el último lustro las viviendas con acceso a agua potable y desagüe han aumentado del 77% al 95% en las ciudades y del 11% al 18% en el campo. Si bien en este último caso las personas que viven en la zona rural pueden acceder a agua limpia (de manantiales, puquios, riachuelos), esta agua no siempre es segura y la falta de servicios higiénicos constituye asimismo un problema creciente por el crecimiento de pueblos y asentamientos rurales. Por ello, el hecho de que menos de una de cada cinco viviendas rurales cuenten con agua potable y saneamiento debe preocuparnos.

ESTANCAMIENTO Y RETROCESOS

Lamentablemente hay otros indicadores en que se ha avanzado muy poco, o incluso retrocedido, en los últimos 5 años estos son:

En cuanto a mortalidad neonatal (muerte de menores antes de los 28 días de nacidos) se ha mantenido sin cambios en 11 defunciones por cada 1000 nacidos vivos. Para los nacidos en ciudades parece haber aumentado de 9 a 11 por 1000 nacidos vivos. En el campo se ha reducido ligeramente de 14 a 12 por 1000 nacidos vivos. Este indicador está asociado a la salud de la madre y a la calidad del embarazo. Tiene que ver con el cuidado prenatal y las condiciones de salud de la gestante (edad, paridez, intervalo entre nacimientos, anemia, hipertensión, etc.). Valdría la pena estudiar los casos urbanos de muertes neonatales para encontrar los determinantes detrás de este incremento inesperado.

Otro aspecto de la salud en que encontramos un estancamiento o poco avance es la cobertura de vacunas completas entre menores de 1 año. La cobertura total solo ha crecido del 66,5% al 67,8%, poco más de 1 punto porcentual. Entre los niños urbanos la cobertura de la vacunación se ha estancado, pasando de 70% a 69%, en los niños del medio rural la cobertura de vacunación parece haber aumentado del 60% a poco más del 64%. Como en el caso anterior, esto podría deberse al sesgo rural de los programas de salud preventiva, que si bien se justifica por las mayores brechas, olvida el hecho de que el mayor número de pobres habita en las ciudades. Atender las necesidades de vacunación de los niños debe, por tanto, ser prioridad en la política de salud preventiva del próximo gobierno.

Finalmente, cabe mencionar un problema muy asociado a la salud y el bienestar infantil y a la transmisión de la pobreza entre generaciones. Nos referimos al embarazo adolescente.  Sobre este tema, desde hace por lo menos una década, hemos logrado muy poco avance. En 2009 la proporción de adolescentes entre 15 y 19 años que ya eran madres o estaban embarazadas era del 13,9%. En 2014 es del 13,7%. Pero lo más impactante son las brechas; entre las adolescentes sin educación más del 36% son madres o están embarazadas, entre las que cuentan con educación superior solo el 8,5% están en esa situación, cuatro veces menos. Las políticas conservadoras respecto a la sexualidad adolescente han hecho olvidar y flaquear los programas orientados a promover la educación sexual y la prevención del embarazo en la adolescencia.

Concluyendo, la próxima administración deberá priorizar la inversión en la primera infancia y en la salud materna para conservar lo avanzado y mejorar lo estancado. Se trata de un tema de derechos y de inversión social para lograr la equidad y la tan ansiada inclusión social.


*Carlos E. Aramburú, antropólogo, profesor del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del Grupo Impulsor Inversión en la Infancia.  


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