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OPINION
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Theguardian.com, viernes 01 de agosto 2014

Invertir en la primera infancia es un buen negocio

Para que las empresas inviertan en la primera infancia del mundo, tenemos que apelar a las motivaciones intrínsecas que mueven a los líderes de negocios todos los días.

En 2007, la revista médica “The Lancet” publicó un artículo afirmando que más de 200 millones de niños menores de cinco años no pueden alcanzar su potencial en el desarrollo cognitivo debido a la pobreza, la desnutrición, la falta de cuidados  adecuados y de afecto parental. Se realizó un análisis comparativo, cruzando información en temas como salud pública, educación y otros sectores de la sociedad en general, centrándose en el estado de bienestar de nuestros ciudadanos más jóvenes. Desafortunadamente, esto no influyó, al mismo nivel, en los diferentes sectores, entre ellos el de líderes empresariales. ¿Por qué?
 
Cuanto más he hablado con líderes empresariales de todo el mundo, más he llegado a creer que la respuesta tiene que ver con la manera cómo contamos la historia. Con frecuencia, aquellos de nosotros que pasamos los días leyendo artículos de revistas como “The Lancet” y similares, hemos cometido el error muy común de tratar de convencer a los demás de participar en algo que nos gusta, por las mismas razones que nos motivaron a involucrarnos. En su lugar, deberíamos haber estado centrados en la conexión con las motivaciones intrínsecas que motivan a los líderes de negocios todos los días. Tenemos que explicar por qué la “primera infancia” es “buena” para los negocios.

En primer lugar, la inversión en la primera infancia es buena para la “marca”. El Estudio Anual Global de Edelman ha concluido que los consumidores esperan, cada vez más, que las empresas líderes estén interesadas en más que sólo ganancias. En la última ronda de esta encuesta (2012), cinco de los seis principales intereses sociales señalados por los consumidores como importantes, tenían un impacto directo en el desarrollo de la primera infancia. Cuando los consumidores asocian la “marca” con la ayuda a los niños pequeños, puede hacer que una empresa se destaque entre sus competidores.

En segundo lugar, la inversión en los hijos pequeños de los empleados de toda empresa, es buena para la productividad y la retención del talento de la misma empresa. La investigación realizada por “Families and Work Institute and the Society for Human Resource Management”, en los Estados Unidos, encontró que cuando se ofrece un clima laboral familiar y flexibilidad en el trabajo, los empleados están más comprometidos con el trabajo y permanecen con su empleador. Acuerdos de trabajo flexibles también condujeron a una menor interferencia en el trabajo por temas caseros. Estos resultados se mantuvieron para los empleados de alto y bajo salario.

En tercer lugar, la inversión en la primera infancia es buena para el desarrollo de la mano de obra. Con frecuencia, los líderes empresariales destacan la educación como eje de la responsabilidad social corporativa. Si bien esto debería ser aplaudido, la mayoría de los líderes empresariales no está brindando apoyo a los niños, ni empezando dicho apoyo a una edad suficientemente joven, en su primera infancia. Los investigadores del cerebro en la Universidad de Harvard han encontrado experiencias de la primera infancia -mucho antes de que los niños lleguen a la edad escolar– que han tenido un gran efecto en el desarrollo de habilidades para el aumento de la demanda de la fuerza laboral del siglo 21, como las soluciones creativas de problemas y la capacidad de trabajar en equipo.

En cuarto lugar, la inversión en la primera infancia es buena para la competitividad internacional. Estudios en Estados Unidos han encontrado que el apoyo a los programas parentales y programas preescolares, han logrado rendimientos de 4 - 9 dólares por cada 1 dólar invertido, a través del aumento de los ingresos (sueldos), la reducción de la delincuencia y gastos para el bienestar. Más recientemente, los hallazgos de Jamaica encontraron que las visitas de apoyo para padres con bebés y niños pequeños llevaron a un coeficiente intelectual más alto, menos signos de depresión, menor participación en peleas y un aumento del 25% en la utilidad 20 años después de terminado el programa.

A medida que más datos, de todo el mundo, emergen y las nuevas generaciones de trabajadores buscan vivir bien y hacer las cosas bien, la inversión en la primera infancia está haciendo que poco a poco las decisiones sobre dónde trabajar y qué comprar sean determinantes. Este es un avance. Sin embargo, todavía están muy lejos de ser parte de la ecuación para establecer la calificación crediticia de un país, la valoración de una oferta pública inicial o para ayudar a identificar qué líderes políticos están a favor del desarrollo empresarial. Una vez que lleguemos a eso, sabremos que hemos ganado el caso.

Sobre el tema de la inversión en la primera infancia, dijo el Premio Nobel de Economía James Heckman, "se trata de una iniciativa de política pública poco común que promueve la equidad y la justicia social, y al mismo tiempo promueve la productividad en la economía y en la sociedad en general." Ya sea a través de la responsabilidad social de las empresas, las políticas de recursos humanos progresistas o prestar su voz para abogar por la inversión pública en los ciudadanos más jóvenes, los líderes empresariales pueden ayudarnos a avanzar hacia el tipo de sociedades que todos imaginamos, a la vez próspera y pacífica.


Michael Feigelson, director ejecutivo interino de la Fundación Bernard Van Leer de Holanda, y miembro de Consejo de la Agenda Global del Foro Económico Mundial.

Artículo publicado en el diario inglés The Guardian, reproducido en este blog con la autorización de su autor. 

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